JARDÍN/ Gabo Lopez

 

 

Jardín. Mejor sí hablar de ciertas cosas.
 
“Un tornado arrasó a mi ciudad y a mi jardín primitivo, un tornado arrasó a tu ciudad y a tu jardín primitivo. Pero no. Mejor no hablar de ciertas cosas”.
Sumo.
 
El Jardín que Gabo López construye a través de su propuesta denota un espacio que se aleja de la concepción domesticada de jardín, aquélla que en sus distintas vertientes ha conformado su larga tradición. No, el de López es un jardín primitivo, un lugar en donde delicias y miserias se reúnen, en donde lo sublime y lo abyecto se evidencian en una instancia que como en la del carnaval, está permitido dar rienda suelta a los más esenciales impulsos. Paradójicamente esto suele ocurrir bajo el cobijo de una máscara, cuando en realidad, esa es la que llevamos todo el tiempo y el ritual podría ser la posibilidad de destruirla.
Lo que aquí se propone, a la par de una relectura del infierno musical de la obra El Jardín de las Delicias, es la creación de una situación a partir de un ritual que apunta a detener la percepción y a desdoblar el tiempo y el espacio, bajo la versión de López de la canción del culo infernal.
Jardín sucede desde la premisa de que todos y cada uno de nosotros, bajo la máscara, participamos en ese lado oscuro y dionisíaco, en ese lugar socialmente incómodo y, por tanto, perturbador al hacerse visible en un espacio público.
La doble moral y la hipocresía con la que se tocan estos temas han minado el imaginario, reprimiendo y negando una condición que debiera verse como algo natural y esto contribuye a las formas que toma lo monstruoso, lo aberrante.
 
Si bien hay ciertas cosas de las que es mejor no hablar, también es posible revertir un orden impuesto y dar cabida a que otro tipo de tornado arrase a nuestra ciudad y a nuestro jardín primitivo.
 
Andrea Ferreyra.
 
Fotografia: Bryan De Leon