JACOBO ZAMBRANO // De los profetas a los pájaros

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fotografía: Bruno Ruiz

Para el observador de aves es muy importante adquirir la destreza de valorar las longitudes y siluetas de éstas en movimiento, esa habilidad de apreciar los tamaños y las formas sólo se puede adquirir a través de la práctica, poniendo a prueba los conocimientos previamente asimilados en los libros. Sin embargo, la excepción a la regla y uno de los más notables personajes tanto en la historia de la humanidad como del avistamiento de aves, no fue un brillante ornitólogo, sino un observador virtuoso: Cristóbal Colón.

Este navegante le debe tanto su vida como su inmortalidad a las aves, ellas le permitieron tomar las decisiones necesarias para poder llegar a la costa, donde hizo gala de sus estrategias de observación e interpretación de la naturaleza que le rodeaba por primera vez. Siendo bastante lejano al empirismo moderno, al no tener otra opción para enfrentarse a un sin fin de objetos nunca antes vistos por un europeo, lo único que podía hacer era dar rienda suelta a la autoridad de sus palabras; haciendo gala de unos dotes proféticos que le permitían saber de antemano lo que iba a encontrar y cómo iba a llamarse. Producto de este encuentro, la piña adquiere su nombre a partir de su semejanza con el fruto del pino, esta historia se repite con todo lo que a su paso es renombrado y recreado a partir de lo ya  conocido por nuestro profeta, la experiencia concreta sólo está ahí para ilustrar una verdad que Colón ya poseía.

Con la mirada presta y llena de atención constante a los fenómenos naturales, las plantas y los animales se vuelven los personajes principales de las aventuras en sus relatos; las menciones sobre los habitantes de las islas siempre aparecen entre anotaciones sobre la naturaleza, en algún lugar entre los pájaros y las piñas. Así se empezaba a dilucidar un paisaje que inspiraría los más profundos sueños europeos, mientras estas profecías se cumplían, el destino de América iniciaba y terminaba con una bandada de aves cruzando el cielo guiando a unas naves que ya se habían dado por vencidas.

Wendy Cabrera Rubio